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El problema del Adultismo hacia Niños

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El problema del adultismo. Un prejuicio que enseña a los niños que su voz no importa.

El adultismo implica la opresión de los más jóvenes simplemente por su relativa juventud.
Expresiones como “los niños deben ser vistos y no escuchados” pueden revelar creencias adultistas.
Los niños necesitan una orientación adecuada a su edad, pero también necesitan aprender a respetarse a sí mismos y a actuar.

Es útil separar el adultismo del edadismo para comprender mejor ambas experiencias de opresión relacionadas con la edad.

El adultismo es el nombre de los prejuicios y la discriminación contra los individuos como resultado de su juventud (Bell, 1995; Fletcher, 2015). Los niños necesitan que los adultos les orienten según su edad, pero esta forma de prejuicio es fácil de ignorar o descartar.

Para ser claros, toda la crianza, de hecho la mayoría de la crianza, no es inherentemente adultista. El adultismo se produce cuando oprimimos sistemáticamente a los más jóvenes simplemente por su edad relativamente menor. El adultismo puede incluir la creencia de que los adultos son intrínsecamente superiores a los jóvenes o que los derechos de los adultos siempre deben tener prioridad sobre los derechos de los niños. Algunos también creen que los jóvenes deben ceder ante el poder de los adultos, incluso cuando ese poder se utiliza de forma perjudicial o incluso abusiva.

Aunque la literatura sobre el adultismo se centra en los niños, casi cualquier persona puede experimentarlo si es discriminada simplemente por su relativa juventud. Esto puede ocurrir en una familia en la que los hermanos adultos siguen maltratando al más joven. También puede ocurrir en un lugar de trabajo donde los trabajadores de más edad maltratan a sus compañeros más jóvenes porque son más jóvenes.

La gente aprende el adultismo a una edad temprana, y son pocas las personas que salen de la infancia sin experimentarlo en alguna medida. Si tus necesidades y deseos fueron ignorados o faltados de respeto sólo porque eras un niño, es probable que hayas experimentado el adultismo. Expresiones comunes que probablemente revelan puntos de vista adultistas son: “Los niños deben ser vistos y no escuchados”. “Eres demasiado joven para entender”. “Madura ya”.

He aquí algunas maneras de repensar tales afirmaciones y considerar alternativas no adultistas:

  • En lugar de decir: “Los niños deben ser vistos y no escuchados”, puedes decir: “Estoy concentrado en otra cosa y no puedo escuchar ahora”. Cree un momento y un lugar donde el niño pueda expresarse.
  • En lugar de decir: “Eres demasiado joven para entender”, puedes explicarle lo que está ocurriendo de forma adecuada a su edad. De lo contrario, di que no tienes tiempo para explicarle en ese momento.
  • En lugar de decir: “Madura ya”, podrías decir: “Por favor, deja de hacer eso”.

Ser tratados sistemáticamente de la primera manera nos enseña que nuestras opiniones, preferencias, necesidades o incluso nuestra seguridad básica no importan a los adultos que nos rodean. Aprendemos que “los mayores” son superiores y que debemos ser deferentes con ellos. Aprendemos que estamos en la base de una jerarquía de poder y que no importamos.

Si estos mensajes son demasiado consistentes y perjudiciales, si no se mitigan adecuadamente con otras experiencias de agencia y empoderamiento, corremos el riesgo de entrar en la edad adulta joven sintiendo que no importamos y sin saber cómo averiguar lo que necesitamos o queremos de la vida.

A través del adultismo, las personas aprenden a aceptar su opresión.

Como resultado, allana el camino para permitir que se produzcan otras formas de maltrato (Fletcher, 2015). Por ejemplo, si en nuestra infancia aprendimos que pertenecemos a la parte inferior de una jerarquía de poder, puede que nos presentemos en el trabajo y no pensemos nada de ser maltratados por nuestros supervisores.

Cuando alguien nos trata de forma sexista o racista, puede que no hablemos porque ya hemos aprendido que nuestra voz no importa. También es posible que interioricemos las creencias adultistas y luego abusemos del poder que se nos otorga una vez que entramos en la edad adulta, convirtiéndonos así en perpetradores del adultismo y continuando el ciclo del maltrato.

A veces se utiliza la palabra ageism para describir los prejuicios contra los jóvenes. Aunque técnicamente no es inexacto, puede ser más útil elegir un lenguaje distinto para describir los prejuicios contra las personas mayores (edadismo) y contra los jóvenes (adultismo). Al tener palabras separadas, podemos explorar cada fenómeno como la experiencia distinta que es. Separar el lenguaje también reduce la probabilidad de que contribuyamos al conflicto intergeneracional haciendo que los adultos jóvenes y los adultos mayores se enfrenten por quién experimenta más, o peores, formas de edadismo.

Tanto los jóvenes como los adultos mayores pueden ser idealizados y sobrevalorados. Por ejemplo, la gente puede idealizar la inocencia de la infancia o no poner límites adecuados por un deseo equivocado de “dejar que los niños sean niños”. A menudo se considera que los adultos jóvenes están más motivados o son más innovadores, y en algunos campos se les contrata por la falsa creencia de que sólo los jóvenes poseen las cualidades deseadas.

Con respecto a los adultos mayores, la gente puede idealizar la sabiduría que se supone que viene con la edad. Las personas mayores pueden insistir en que se les trate con deferencia, independientemente de que se comporten de forma que perjudiquen a los demás. Los adultos mayores pueden tener más probabilidades de acceder al liderazgo y a niveles más altos de poder por la suposición de que tener “experiencia” significa que serán más hábiles.

Es importante tener en cuenta todos los tipos de prejuicios y discriminación relacionados con la edad. Hasta ahora se ha prestado muy poca atención a las formas muy reales en que los jóvenes son sistemáticamente oprimidos y discriminados por los mayores. Si queremos crear una sociedad en la que los ciudadanos estén debidamente capacitados, puedan ejercer su autonomía y libertad, puedan ser solidarios con personas de todas las edades y también se enfrenten a la injusticia, debemos comprender mejor el adultismo y su posible impacto duradero.

 

Traducción y adaptación para PsicologosMyS.Com realizada desde: Psicología Hoy.

 

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